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Dicen que en casa de herrero, cuchillo de palo.
En casa del técnico, las chapuzas están supervisadas por un profesionalDicen que en casa de herrero, cuchillo de palo.En mi casa hemos modernizado el refrán:En casa del técnico, el enchufe cuelga, el grifo got...
En casa del técnico, las chapuzas están supervisadas por un profesional
Dicen que en casa de herrero, cuchillo de palo.
En mi casa hemos modernizado el refrán:
En casa del técnico, el enchufe cuelga, el grifo gotea y la canaleta termina donde le da la gana.
Y no es porque no sepa arreglarlo. Al contrario: sé perfectamente qué falla, qué pieza necesito y cuánto tardaría en solucionarlo.
—Eso son diez minutos.
Y ahí está el peligro.
Porque cuando un técnico dice que algo de su casa se hace en diez minutos, significa que probablemente lo terminará entre octubre y la próxima reforma integral.

En casa del cliente, perfección absoluta
Cuando voy a realizar una reparación soy meticuloso.
Mido antes de taladrar, utilizo el nivel, reviso las conexiones, aprieto bien los tornillos y pruebo que todo funcione. Después recojo, limpio y vuelvo a mirar el trabajo desde lejos.
Si una canaleta se desvía dos milímetros, lo noto.
Si un enchufe no está completamente recto, lo noto.
Si un tornillo no es exactamente del mismo color que los demás… también lo noto.
No puedo evitarlo. Mi cerebro entra automáticamente en modo:
«Esto tiene que quedar fino.»
Pero luego llego a casa y tengo un cable sujeto provisionalmente desde hace tanto tiempo que ya debería estar empadronado.
En mi casa también uso el nivel
Lo tengo.
Sé dónde está.
Incluso lo saco de la caja.
Pero después coloco la estantería, me alejo dos pasos y pregunto:
—¿Tú la ves torcida?
—Sí.
—Será la pared.
La pared, por supuesto, siempre es la principal sospechosa.
También pueden ser el suelo, el techo o un extraño efecto óptico producido por la iluminación. Cualquier explicación es válida antes de reconocer que habría sido buena idea utilizar el nivel que tengo en la mano.
Las reparaciones provisionales de larga duración
Los técnicos sabemos hacer soluciones provisionales.
El problema es que algunas quedan tan bien que pierden la condición de provisional y pasan a formar parte de la vivienda.
Ese cable sujeto “solo para probar”.
La tapa sin poner “por si hay que volver a abrir”.
El enchufe sin atornillar “porque todavía tengo que revisarlo”.
La canaleta sin terminar “porque me faltan veinte centímetros”.
Al principio dices:
—Mañana lo termino.
Después:
—Este fin de semana, seguro.
Unos meses más tarde ya procuras no mirarlo directamente, porque ambos sabéis que aquello no se va a tocar.
No es una chapuza. Es una instalación temporal de duración indefinida.
El cliente más permisivo del mundo
Cuando trabajo para otra persona tengo claro que debe quedar todo perfecto. El cliente ha confiado en mí y merece un trabajo seguro, limpio y terminado.
En casa, el cliente soy yo.
Y debo reconocer que soy muy comprensivo conmigo mismo.
Acepto retrasos.
No pongo reclamaciones.
No pido hoja de quejas.
No dejo una mala reseña.
Y, lo más importante, pago fatal.
—¿Cuándo vendrás a terminarlo?
—Estoy esperando una pieza.
—La pieza está encima de la mesa desde hace cuatro meses.
—Pues entonces estoy esperando motivación.
Vanessa, sin embargo, no siempre acepta mis plazos de entrega.
«Eso todavía aguanta»
Tener conocimientos técnicos debería servir para mantener la casa impecable.
En realidad, muchas veces sirve para calcular exactamente cuánto puede aguantar algo sin arreglarlo.
El grifo gotea.
—Es la junta. Aguanta.
La puerta roza.
—Hay que ajustar la bisagra. Aguanta.
El extractor suena como una avioneta despegando dentro del baño.
—Es el rodamiento. Todavía aguanta.
La lámpara parpadea.
—Eso será la bombilla.
—La cambiaste ayer.
—Entonces será otra cosa.
No ignoramos los problemas. Los tenemos perfectamente diagnosticados y cuidadosamente aplazados.
La caja de los trabajos pendientes
En casa de cualquier técnico existe una caja especial.
No pone nada por fuera, pero todos sabemos que se llama:
«Cosas que compré para arreglar algo y algún día descubriré qué era».
Dentro hay un interruptor nuevo, dos juntas, un trozo de cable, tres mecanismos, tacos, tornillos, una válvula y una pieza misteriosa que parece importante.
Cada vez que buscamos algo, encontramos una de esas piezas y decimos:
—¡Ostras, esto era para el baño!
La observamos unos segundos, recordamos perfectamente la reparación pendiente y la volvemos a guardar.
No vaya a ser que nos dé por trabajar estando en casa.
En casa hay otro sistema de prioridades
En casa de un cliente, una reparación puede ser urgente, importante o recomendable.
En casa del técnico solo existen dos categorías:
Funciona.
Vanessa me ha dicho que hoy se arregla.
Mientras un aparato encienda, una puerta cierre después de tres golpes o un grifo deje de gotear si lo aprietas con la fuerza exacta, oficialmente continúa en servicio.
Para que una reparación doméstica pase a ser prioritaria tiene que dejar de funcionar por completo, provocar un pequeño apocalipsis o coincidir con una visita familiar.
Porque no hay nada que acelere más una reparación pendiente que escuchar:
—Mañana vienen mis padres.
En ese momento aparecen el taladro, el nivel y herramientas que llevaban meses desaparecidas.
El famoso «ya que estoy»
El día que finalmente decides reparar algo de casa, nunca arreglas solamente una cosa.
Empiezas cambiando un enchufe.
Ya que estás, decides colocar bien la canaleta.
Ya que estás, mueves un mueble.
Ya que estás, ves que la pared necesita pintura.
Ya que estás, desmontas una lámpara.
Tres horas después, el enchufe original sigue sin terminar, el salón parece una obra y han aparecido cuatro averías nuevas.
Vanessa entra, mira el panorama y pregunta:
—¿No ibas a cambiar solo el enchufe?
—Sí, pero ya que estaba…
El “ya que estás” también existe para los técnicos. La diferencia es que en casa nos lo decimos nosotros solos.
¿Por qué nos pasa esto?
Después de pasar el día reparando instalaciones, solucionando averías y buscando tornillos que han caído en lugares físicamente imposibles, llegamos a casa y nos apetece descansar.
Sabemos que ese grifo se arregla rápido.
Sabemos que la puerta necesita un ajuste.
Sabemos que el enchufe debería estar sujeto.
Pero también sabemos que el sofá no requiere herramientas, no tiene tornillos y rara vez da errores.
Así que gana el sofá.
En casa de herrero, cuchillo de palo
Sí, soy meticuloso cuando trabajo.
Me gusta hacer las cosas bien, dejarlo todo seguro y cuidar hasta el último detalle.
Pero en mi casa tengo reparaciones a medias, materiales esperando su momento y alguna solución provisional que ya forma parte de la decoración.
No significa que sea una chapuza.
Significa que el responsable de mantenimiento tiene una acumulación puntual de trabajos pendientes.
Eso sí: el día que me ponga, quedará perfecto.
Solo necesito diez minutos.
Lo complicado es saber de qué año.